
A veces una frase te obliga a parar. No porque sea difícil, sino porque te deja pensando. En ese momento suele pasar lo de siempre: doblas la esquina de la página, subrayas “a lo loco” o haces una foto rápida …

A veces una frase te obliga a parar. No porque sea difícil, sino porque te deja pensando. En ese momento suele pasar lo de siempre: doblas la esquina de la página, subrayas “a lo loco” o haces una foto rápida …